Entre las señales de alerta que pueden indicarnos una adicción destacan las siguientes:
● Pérdida de tiempo de estudio, con o sin malos resultados académicos.
● Deterioro o menor dedicación a las relaciones interpersonales y a otras actividades de ocio.
● Incremento de las conductas que implican agresividad.
● Sufrir ansiedad, irritabilidad, incluso malestar físico en caso de no poder utilizar el objeto de la adicción.
La adicción a Internet
No hay duda de que Internet es un gran avance, que puede servir de ayuda a nivel académico y también social; el problema surge en el momento en que su uso se descontrola.
Para prevenir este uso inadecuado en jóvenes, es importante el papel de los padres a la hora de marcar los límites y permitir el uso de esta tecnología durante un tiempo prefijado ya que se puede empezar por buscar información para un trabajo y terminar sin esta información, puesto que el tiempo se ha perdido en un chat o por el Messenger.
La adicción a videojuegos
Los videojuegos no sólo son divertidos, sino que estimulan la coordinación visomotora, el razonamiento deductivo, son buenos para la memoria a corto y largo plazo, mejoran el razonamiento abstracto, así como la atención y el autocontrol.
Una vez más, el problema surge cuando se hace un mal uso en cuanto a tiempo, dedicación o contenidos no apropiados para la edad del usuario. Por esta razón, se establecen unas edades propias para cada juego ya que en muchos de estos juegos hay mucha violencia y el niño puede sufrir trastornos y pueden observarse comportamientos agresivos.
La adicción al teléfono móvil
Actualmente la edad a la que se adquiere el primer móvil es cada vez más baja, fundamentalmente debido a que en estas edades se utiliza sobre todo para jugar, escuchar música y enviar mensajes, y también porque poder comunicarse con los hijos en cualquier momento representa una tranquilidad para los padres.
Como en el resto de los casos, hay que alarmarse siempre y cuando se observen comportamientos y reacciones anómalas, siendo un buen marcador el consumo mensual, que en algunos casos es aconsejable limitar.
La mejor protección es proporcionar una información clara y suficiente acerca de sus beneficios, pero también de los perjuicios y riesgos que implican.
Igualmente importante es controlar su uso, estableciendo unos límites y haciéndolo de forma tajante hasta que el joven vaya alcanzando su madurez y sea capaz de autoimponerse estos límites de manera natural, puesto que puede llegar a ser un grave problema para el bienestar del niño ya que es muy adictivo y surge la dependencia hacia él.




